"Cada atardecer es como volver a mirar el pasado, no quiero que ocurra de nuevo. Solo quiero vivir el hoy y soñar el mañana porque mirando el pasado cometeré mas errores, sufrir por nada devuelta."

Escrito por Gonzalo Julián Salazar.


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10.7.08





Sentado en el colectivo, mis ojos empezaron a cerrarse y el sueño me condujo a la oscuridad que habitaba en mi mente. En ella me sumergí y, en busca de recuerdos que habían sido apagados hace un tiempo, me lancé. Mis ojos veían colores de distintos tonos girando sobre mi y en cada imagen podía ver algo maravilloso como algo tan aterrador. Salté y en un momento de mi vida caí. Este recuerdo no era muy lejano, debía tener unos pocos meses, ya olvidados. La situación se iba reviviendo de a poco y surgía en mi, una sensación ambigua. Me hacia bien y feliz volver a encarnar esta imagen poco preparada.
Era de noche cuando mi aburrimiento me torturaba y comencé a buscar un deseo que me entretuviera. La luz del monitor de la computadora me llamaba emitiendo débiles ruidos que llamaban mi atención y sigilosamente mis pasos fueron acercándose a ella. Al acercarme ví mi correo prendido y en mi estado decía "no estoy"(que raro). Empecé a hablar con gente que quería y en el intento de conectarme con una amiga se abrió su ventana de correo. No tenía conocimiento alguno de quien era, entonces preferí empezar una charla algo divertida y algo llamativa. Su llamada me intimido y con voz inocente, pregunte quién era. Tenía mi celular y no se como. Luego de terminar la charla, me asomé a la maquina y en vez de preguntarle como había conseguido mi celular le dije si quería salir conmigo para vernos y conocernos. Aceptó y yo con orgullo me cambié.
Era una noche única. Las cosas no eran como de costumbre. Estaba solo. Me vestí lo más rápido que pude y el celular volvió a sonar. Su voz cansina respondió y me pregunto cuanto faltaba para que terminara. Le dije nada, ya salgo.
Me estaba esperando afuera con un remis y algo me cautivo. La belleza no embarga su cuerpo pero la simpatía enriquecía su aliento. O tal era el chicle que estaba masticando educadamente. Su voz como las palabras que salían de su boca fina, despertaban un instinto asesino, rugiendo dentro de mi cuerpo.
En cualquier momento iba a llover y se sabía. Ya lo habían anunciado en el noticiero, pero era más lo que me importaba por esta persona completamente extraña que por las noticias del día. El remis estacionó y nos cobro veinte pesos. Estaba lejos pero aún así sentía seguridad. No tenia idea de porque razón pero me sentía cómodo. Pagó y yo detrás salí. Cerré la puerta del coche de un golpe fuerte de las ganas que se iban a apoderando más y más de mi. Sus ojos verdes cegaban a los míos dejándolos perplejos de algo inédito.
Su departamento era el ultimo de todo y solo acompañada de ella había un gato. Era bastante bello el animal. Su blanca piel peluda como la nieve y sus ojos azules saltones adornaban de alguna manera el lugar.
Me preguntó si quería algo de tomar y yo inútilmente, sin saber las consecuencias de lo que podría haberme pasado en otra ocasión, acepté. Era gaseosa común, no tenía nada raro. Entonces fue ahí cuando mi confianza fue expandiéndose por el lugar hasta que llegue, sin saberlo, a arriba de la mesada bailando “yo te diré” de nuestra banda preferida. Sus discos eran una buena forma de encantar a las personas que invitaba a su departamento.
Me calme y me senté sobre el sillón, algo cansado. Mi vista se había paralizado el ver el cielo estrellado y de un azul intenso que se podía ver através de la ventana que daba al balcón. Estábamos muy alto, casi tocando el cielo. Algo me invitaba a pasar a la habitación..





Este Fragmento fué editado y resumido.
La segunda parte es privada.

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